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Un pueblo que rinda sus frutos
Lo que se trata es de dar frutos y entregarlos a su tiempo.


Por: Pbro. Francisco Ontiveros Gutiérrez | Fuente: Semanario Alégrate



El acalorado capítulo 21 de Mateo

Nos encontramos al final del capítulo 21 de Mateo; comienza con la entrada y la festiva acogida de Jesús en Jerusalén (cfr. Mt 21, 1-11). Inmediatamente Jesús va y realiza la purificación del templo, echando fuera a la gente y volcando las mesas de los cambistas (cfr. Mt 21, 12-16). Después tiene lugar el acercamiento de Jesús a la higuera que se seca, en donde los estudiosos han encontrado una clara alusión al templo y la insistencia de Jesús en la oración (cfr. Mt 21, 17-22). Por último, tiene lugar su llegada, nuevamente, al templo en donde expone tres enseñanzas, teniendo como interlocutores a los sumos sacerdotes y los escribas: la primera respecto de Juan (cfr. Mt 21, 23-25), la segunda es la parábola de los dos hijos (cfr. Mt 21, 28-32) y la tercera es la parábola de los viñadores homicidas (cfr. Mt 21, 33-43).

Síntesis de la Historia de Salvación

La Historia de Salvación no es un cúmulo de datos que estén fuera de nosotros, lejanos a nuestra vida y que no nos involucren en lo más mínimo. La Historia de la salvación es nuestra historia, es una historia viva y palpitante que se actualiza en cada uno de nosotros. Pues bien, la parábola de los viñadores homicidas en una expresión sintetizada en la que Jesús ha querido plantear los detalles emblemáticos de los momentos más representativos de nuestra historia. Por un lado, Dios que ha creado el mundo, lo ha embellecido, lo ha dejado cubierto y autosustentable, con todas las leyes y estaciones que van a un ritmo, sin equivocarse nunca, siguiendo las normas de su poderoso creador. Eso es lo que podemos entender como el propietario que es Dios y la viña que es el mundo.

Los personajes de la parábola



Si bien es cierto que esta parábola puede leerse desde la óptica de una bella síntesis de la respuesta del hombre a la invitación de Dios, tal como ha sucedido con las últimas dos parábolas de los domingos anteriores (la del hombre que sale a distintas horas a contratar trabajadores y la del padre que llama a sus dos hijos a la viña). También es cierto que los personajes que se ven involucrados en este relato, son una fuerte llamada a reconocer nuestra respuesta ante el proyecto de Dios. Los labradores abrigan el espantoso deseo de quedarse con lo que no es de ellos. El mundo, las personas, las instituciones, incluso los propios talentos con los que Dios nos ha dotado a cada uno, no son cosas que debamos apropiarnos sólo para nosotros. Sólo sirven si se ponen al servicio de los demás.

¿Qué hará el Señor con ellos?

Cuando Jesús hace esta pregunta, al final, después de enviar diferentes siervos en busca de los frutos del señor, ¿qué es lo que hará el dueño de la viña con los labradores homicidas?, son las mismas autoridades las que le contestan a Jesús que lo correcto es darles muerte a esos labradores miserables y alquilar la viña a unos trabajadores honestos. Lo que se trata es de dar frutos y entregarlos a su tiempo. Cuando la higuera no dio frutos a su tiempo, cuando los trabajadores no entregaron lo que tenían que entregar, todos se van secando, se van volviendo estériles. Esta historia, se actualiza de diferentes modos.







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